Miguel Á. Morales: La irresponsabilidad del extremismo

Queda muy claro, una vez más, que Casado siempre cree tener una razón para festejar. Su miopía política, su liderazgo -por llamarlo de algún modo- irresponsable y las compañías oscuras que conviven dentro del PP, lleva al principal partido de la oposición a una deriva peligrosa para la convivencia, para la paz social. Peligrosa para España.

En otro acto más de mezquindad sectaria, el PP se lanzó a una reedición electoral pensando que, en Castilla y León, ganarían por mayoría absoluta. Sin embargo, y a pesar del clientelismo y las prebendas, moneda común En Castilla y León durante las últimas tres décadas, lo único que consiguieron fue lanzarse a los brazos de la extrema derecha, que ya ha pasado la factura para sumar los votos imprescindibles para que los  de Génova gobiernen.

Estamos ante un ejemplo más de la forma que tienen de entender la política. No importa cómo ni con quién, da igual si es con  IU, como pasó en Extremadura, con Vox o con tránsfugas… lo que les importa es ostentar el poder y no, precisamente, para mejorar la vida de las personas…o sí, pero la suya.

El País, en su editorial del pasado lunes 14 de febrero, lo deja muy claro: “Pablo Casado precipitó el adelanto electoral en esa comunidad en clave de guerra interna con Ayuso —se trataba de demostrar que no es la presidenta madrileña quien consigue mayorías arrasadoras sino el PP— y en clave externa como inicio de su escalada a La Moncloa, pretendiendo jalonar de éxitos el calendario electoral que tenemos por delante hasta las generales del 2023.”

No sólo que no lo consiguió y que, diga lo que diga, ha vuelto a perder contra su “enemiga”, sino que, además, precipita hacia la nada, a una región vaciada por la inoperancia y la insensibilidad de políticas diferenciadoras entre lo urbano y lo rural y, como si fuera poco, se abraza al “dueño” del botón rojo que sueña con hacer volar por los aires un sistema, el nuestro, ejemplo de pluralidad y convivencia.

El victimismo, la irresponsabilidad y el localismo han sido los ejes de una campaña que acabó con un empate técnico porcentual entre PSOE y PP, separados, apenas, por algo menos de un punto y medio en el resultado final.

Un resultado electoral puede marcar una tendencia, una coyuntura o una intencionalidad en el accionar de quien quiere gobernar España a toda costa. No podemos permitirnos que la ambición desmedida, el odio, la mentira y la ceguera política, conviertan al país en una trinchera de campo de batalla. La irresponsabilidad se paga, con la intrascendencia o con el daño irreparable. La población y los demócratas tendremos, siempre, la última palabra.

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