Paco García Blázquez fue Diputado de la Asamblea de Extremadura 2015-19, Concejal de Santa Cruz de Paniagua 2019-23 y actualmente es candidato suplente al Senado.
La pirueta de la Sra. Guardiola va a pasar a la historia de la política española en general y de la extremeña en particular. En una semana sus palabras llenas de convicción: “jamás pactaré con un partido que niega la violencia machista, que entierra la bandera LGTBI” se han transformado en “VOX es un partido democrático y vamos a entendernos con ellos”.
Lo cierto es que no ha dicho nunca la verdad. Como presidenta del PP regional ha bendecido todos los pactos PP-VOX que han sido necesarios para gobernar ayuntamientos en Extremadura (Navalmoral de la Mata, Valverde del Fresno, Losar de la Vera). Quizá lo más sangrante haya sido no presentar lista del PP en Malpartida de Cáceres para que no encontrara oposición a la derecha el alcalde condenado por violencia machista. Expulsado del PP, sí, pero con todas las facilidades para que revalidara su mandato desde una nueva formación, a la que incluso prestaron los populares personas destacadas de su partido para formar la lista de PPM (Por y Para Malpartida, qué casualidad de siglas).
Así que ese supuesto rechazo a VOX de la líder popular no era nada más que una pose, un intento por tensar la cuerda, buscando quizá un gobierno en solitario. Sin embargo, el Sr. Feijóo también mentía cuando aseguró que en cada territorio habría libertad para pactar o no con VOX. Con él sin dar mucho la cara, que eso le gusta poco, envía al PP madrileño en pleno a desautorizar a María Guardiola, con la Sra. Ayuso como punta de lanza, pero sobre todo llaman poderosamente la atención las declaraciones de Esperanza Aguirre: “Nuestro máximo respeto por VOX, que la mayoría de sus votantes eran del PP”.
Dio en el clavo. VOX es una escisión del PP, el propio Santiago Abascal ha vivido muchos años enrolado en las filas de los populares. Aunque el Sr. Feijóo hubiese preferido dejar los pactos electorales en las distintas autonomías para después de las elecciones generales ya no hay dudas. El PP y VOX están pactando en todas las regiones donde suman y pueden alcanzar el poder. Comunidad Valenciana, Aragón, Baleares. Extremadura no va a ser una excepción, cuando los plazos se vayan cumpliendo veremos a la derecha y a la ultraderecha gobernado nuestra región. A los perdedores de las elecciones.
VOX está vendiendo caro su apoyo, y el PP está aceptando todo el marco ideológico que le marca la ultraderecha, quizá porque en el fondo no dejan de ser sus propias convicciones. Eliminación de las concejalías de igualdad en los ayuntamientos que gobiernan, negación de la violencia machista y aceptación de la terminología repugnante de “violencia intrafamiliar”. Los parlamentos autonómicos presididos por ultraderechistas, que se permiten amenazar a diputados socialistas si no retiran la bandera LGTBI de las ventanas de sus despachos. Negacionistas del cambio climático, que están en contra del derecho al aborto, del derecho a la muerte digna para quien así lo desee. Quizá lo que nos queda en Extremadura es el consuelo de que nuestro parlamento lo va a presidir la socialista Blanca Martín, toda una referente del feminismo y la lucha por la igualdad.
No hay ninguna duda, Feijóo hará vicepresidente a Santiago Abascal si el 23J suman una mayoría suficiente para gobernar España, porque al fin y al cabo lo único importante para ellos es “derrocar el Sanchismo”. Y aquí encontramos la gran mentira de la derecha y la ultraderecha, porque el supuesto “Sanchismo” nada tiene que ver con sus constantes falacias. El gobierno de Pedro Sánchez ha propiciado subidas de las pensiones en referencia al IPC y no aquel vergonzoso 0,25% de Rajoy, ha significado la subida del salario mínimo hasta 1.080 euros, ha representado protección social durante la pandemia y no el sálvese quien pueda de la derecha en la anterior crisis. En definitiva, el gobierno progresista de Pedro Sánchez ha conseguido para la gente que más lo necesita dignidad, igualdad de oportunidades, feminismo. Progreso.
Todo esto está en juego el próximo 23J. No hay nada más que una lucha entre la derecha y la izquierda, entre retroceder 40 años en derechos y libertades o seguir avanzando como sociedad. Ningún derecho está conquistado para siempre, y no podemos volver a los abortos en Londres para la gente que podía pagarlo, a las víctimas del franquismo olvidadas en las cunetas, a la sanidad y la educación de calidad para unos pocos, a la censura y la arbitrariedad de la justicia.
Esto es lo que viene si las personas progresistas nos quedamos en casa el 23J, están en peligro todos los avances que tanto ha costado conquistar. Está en juego la propia democracia.

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